Esa es una de las frases que más escuchamos de niños y que más repetimos a los pequeños de la casa de mayores. Cuando somos pequeños no vemos la importancia de este hábito, pero conforme vamos creciendo nos autoconvencemos de que es imprescindible mantener una buena higiene bucal para evitar males mayores.
Para concienciar a los niños de la importancia del cepillado existen muchos métodos. Pocos funcionan, para qué nos vamos a engañar. A los niños no se les puede convencer de cosas que no ven importantes. Pero podemos ayudar a que los peques tengan menos pereza a la hora de lavarse los dientes e incluso que se acostumbren a hacerlo sin que tengamos que irles detrás.
Lo primero es intentar que esa acción sea lo más amena posible. Podemos regalarles un cepillo de dientes divertido, de algún personaje que les guste o simplemente de un color especial, que parezca lo menos “médico” posible. Con la pasta podemos seguir el mismo ejemplo. Una dentífrico de sabor a fresa, de un color goloso o con algún personaje divertido.
Otro truco que nos ayuda a hacer que se tomen en serio el cepillado y que lo vean como algo que han de hacer por sí mismos es empezar a lavarnos los dientes con ellos a la vez. Puede ser un momento a compartir al principio y final del día en familia. Podemos jugar a hacer caras en el espejo, tararear una canción, bailar un poco… Queremos que sean ellos los que nos recuerden que es la hora del cepillado.
Si convertimos ese acto en una de las actividades divertidas del día no querrán perdérselo nunca. Nos lo recordarán aunque se nos olvide a nosotros. Cuando vayamos a comprar podemos dejar que sean ellos los que elijan su pasta de dientes para que se sientan participes, incluso podemos convertirlo en algo divertido como quien compra nuevos juguetes para la hora de juego.




