
Ayer iba en el metro y en el asiento de enfrente iba un señor mayor de unos setenta y tantos años. Por lo visto el hombre andaba algo resfriado, porque en determinado momento del trayecto sacó del bolsillo de su chaqueta un enorme pañuelo de tela para sonarse la nariz.
Es curioso cómo en los últimos años, por no decir décadas, los pañuelos de tela han ido desapareciendo de nuestros bolsillos. Los más jóvenes probablemente no los hayáis usado nunca. Pero seguramente habréis visto a vuestros abuelos o conocidos más mayores con ellos.
El pañuelo de tela tenía un encanto especial, con sus bordados etc. Eran siempre un regalo muy personal, pero fallaban a nivel higiénico. Hoy en día, con la obsesión que llena nuestras vidas sobre los gérmenes y los contagios, los pañuelos de tela se ven impensables, poco prácticos y nada higiénicos.
Ahora todos llevamos en el bolso o el bolsillo un paquete de pañuelos de papel. Lo que quizás muchos no sepáis es que no conviene usarlos demasiado, es decir: un pañuelo de papel sucio es mejor tirarlo cuanto antes. Muchas personas, especialmente los niños tienden a acumularlos en cajones, bolsillos o en el fondo de la mochila.
Esos pañuelos usados portan gérmenes que es mejor alejar de nuestro entorno. No perdamos los beneficios de usar un pañuelo desechable utilizándolo durante días y días. Si eres de los románticos que aún usa pañuelos de tela, hazte con varios y no los uses más de un día antes de lavarlos.



