Bajo este título no queremos ponernos filosóficos ni radicales. Pero imaginemos una vida sin dolor. Si no nos doliera un tobillo al hacer un mal gesto no sabríamos que necesitamos tratamiento. Si no nos doliera el estómago al comer algo en mal estado tampoco. Podríamos ir incluso a casos más graves como alergias mortales o ataques al corazón.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Instituto Cajal, a través de su investigador Javier Garzón ha afirmado que sentir dolor nos ayuda a sobrevivir en ambientes hostiles. Por ejemplo, el dolor aumenta a la vez que la causa que lo provoca. Eso nos ayuda a darnos cuenta de qué es lo que debemos evitar o en caso de ser posible tratar.
Seríamos víctimas fáciles del entorno si no pudieramos reconocer las cosas que nos hacen daño. Lo curioso, como en muchas enfermedades, es que las personas con un entorno estable y feliz junto a seres queridos soportan mejor los dolores que las personas solitarias o depresivas.
Tenemos que aprender a escuchar nuestro cuerpo. Si algo nos duele no pensemos que es algo molesto que nos sucede y que ya pasará. Si nos duele el cuello, pensemos qué hemos hecho antes, si nos duele el codo también. Es importante que aprendamos de estas respuestas de nuestro cuerpo para evitar esas causas que nos hacen daño.







