Es un sistema de medicina alternativa, pero la homeopatía cada vez se utiliza más en centros médicos. Y algunos de ellos son los de Global Card. El padre de esta especialidad, Samuel Hahnemann, nació en Meissen en 1755 y publicó su libro ‘Organon del arte de curar’ en Alemania en 1810. En España, la primera referencia conocida de un artículo relacionado con la homeopatía se sitúa en 1821, bajo el título ‘Sobre la virtud profiláctica de la Belladonna contra la fiebre escarlatina’, del Dr. Bern de Custrin.
Esta tendencia surgió como una alternativa más benigna y moderada a la medicina dominante de la época, basada aún en la teoría de los humores Hipocrática, que constaba de la sangría y la purgación como armas principales. La homeopatía está basada en el siguiente principio: lo semejante se cura con lo semejante. Es decir, la teoría homeopática sostiene que los mismos síntomas que provoca una sustancia tóxica en una persona sana pueden ser curados por un remedio preparado con la misma sustancia tóxica siguiendo este principio. En definitiva, para los homeópatas la enfermedad y los síntomas constituyen una misma entidad.
El diagnóstico homeopático se basa en la ley de la Individualización, ya que hace suyo el viejo aforismo de ‘no hay enfermedades, sino enfermos’. Pero lo que quieren decir es que los síntomas de una enfermedad son propios de cada persona. No existen cuadros específicos y universales de una enfermedad, sino que los síntomas son únicos en cada enfermo y, por tanto, la aplicación del tratamiento es único e intransferible. Esta individualización extrema tiene varias consecuencias: la primera es que los síntomas comunes a muchas enfermedades carecen de importancia; y la segunda es que no se puede desarrollar un estudio científico de la enfermedad, no es posible la patología.
La ley de las similitudes
Una de las ideas más aceptadas en el saber antiguo era la ‘teoría de los cuatro elementos’, atribuida a Empédocles de Agrigento. Así, la materia (tierra, agua, aire, fuego) tiene cuatro cualidades primigenias (húmedo, seco, caliente, frío) que se relacionaban entre sí por los principios de Amistad y Discordia. Los cuatro elementos tienen en el ser vivo su representación en los humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla). La medicina de la época utilizaba los principios de Amistad y Discordia, así como el estudio de los humores para establecer sus doctrinas terapéuticas. Tanto Hipócrates como Galeno señalan que, por norma general, el sistema más idóneo es el de los contrarios.

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